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EditorUn importante hito científico con origen en Calama está generando impacto en la comunidad paleontológica internacional. Se trata del descubrimiento de una nueva especie para la ciencia, cuyo primer hallazgo fue realizado por el investigador local Osvaldo Rojas, director del Museo de Historia Natural y Cultural del Desierto de Atacama.

El fósil corresponde a un plesiosaurio —reptil marino que habitó la Tierra hace millones de años— y fue identificado como Gondwananectes osvaldoi, en honor a quien encontró sus primeros restos en 2014 en la localidad de Ojo de Opache, al oeste de la capital loína.
Este descubrimiento posiciona a Calama como un punto clave en la investigación paleontológica, ya que se trata del primer plesiosaurio del período Jurásico identificado con claridad en Chile, con una antigüedad cercana a los 170 millones de años.
Aunque el hallazgo inicial se remonta a hace más de una década, fue gracias a un trabajo sostenido en el tiempo que se logró avanzar en su estudio. En años posteriores se recuperaron nuevos bloques de roca con restos visibles, pero recién entre 2024 y 2025 los investigadores pudieron analizar en profundidad el material, confirmando la presencia de un esqueleto parcial articulado.
El estudio fue desarrollado por especialistas de la Red Paleontológica de la Universidad de Chile, quienes destacaron la relevancia científica del ejemplar. Según explicó el paleontólogo Rodrigo Otero, una de las características clave que permitió identificar esta nueva especie fue la particular estructura de sus vértebras.
“Es una forma completamente nueva para la ciencia, tanto en género como en especie”, indicó el investigador.
El descubrimiento no solo aporta información inédita sobre la fauna marina del Jurásico en el hemisferio sur, sino que también podría modificar teorías existentes sobre el origen de ciertos linajes de plesiosaurios, que hasta ahora se creían exclusivos de Europa.
Hace millones de años, el actual Desierto de Atacama —uno de los lugares más áridos del planeta— formaba parte de antiguas cuencas marinas del supercontinente Gondwana. En ese entorno, este pequeño reptil convivió con diversas especies como ammonites, ictiosaurios, peces óseos e incluso cocodrilos marinos.
El hallazgo refuerza además el valor del trabajo científico desarrollado desde regiones, destacando el rol clave de investigadores locales en el avance del conocimiento y en la proyección internacional de la paleontología chilena.







