
Obispo Tomás Carrasco agradeció a Dios por sus tres años de ministerio episcopal en la Diócesis de Calama
EditorCon una Eucaristía de acción de gracias, la Diócesis San Juan Bautista de Calama celebró este lunes 18 de agosto el tercer aniversario de la Ordenación Episcopal de su pastor, Monseñor Tomás Carrasco Cortés. La celebración congregó en la Catedral San Juan Bautista a autoridades locales, sacerdotes, religiosas, diáconos, agentes pastorales, representantes de comunidades y numerosos fieles que quisieron acompañar al obispo en esta significativa fecha.
La Eucaristía fue un momento de especial gratitud por estos tres años de ministerio episcopal al servicio de la Iglesia que peregrina en la Provincia de El Loa. Durante la celebración, Monseñor Carrasco recordó que el episcopado, al igual que el sacerdocio, constituye un “don y misterio”: un regalo gratuito de Dios que, al mismo tiempo, se vive desde la fragilidad humana y requiere de la oración y el acompañamiento de toda la comunidad.

En su homilía, el obispo vinculó la celebración con la memoria litúrgica de San Alberto Hurtado a quien se le celebra también este 18 de agosto, destacando su testimonio de fe y su compromiso con quienes más sufren. A partir de las lecturas del día, especialmente de la enseñanza del apóstol Santiago sobre una fe que debe expresarse en obras como también los ejemplos del fundador del Hogar de Cristo llamando a la comunidad diocesana a preguntarse permanentemente: “¿Qué haría Cristo en mi lugar?”
Monseñor Carrasco subrayó que esta pregunta debe orientar la vida de toda la Iglesia, particularmente en el servicio a los más vulnerables. Recordó las palabras de Jesús en el Evangelio: “Cada vez que lo hiciste con uno de mis hermanos más pequeños, conmigo lo hiciste”, destacando que esta mirada fue también fundamental en la vida de San Alberto Hurtado, quien reconoció en el pobre el rostro de Cristo.
En este contexto, invitó a la Iglesia de Calama a hacer suyo el principio de que “nada humano me es ajeno”, transformándolo en una actitud concreta de cercanía, solidaridad y servicio hacia quienes viven situaciones de dolor, soledad, enfermedad, pobreza o exclusión.
Con especial emoción, Monseñor Carrasco expresó su gratitud a Dios por la vocación recibida y a quienes, mediante su oración y servicio, sostienen la misión de la Iglesia. “Gracias, querida diócesis, porque ustedes sostienen a sus pastores orando”, manifestó, extendiendo también su reconocimiento a sacerdotes, religiosas, diáconos, catequistas, agentes pastorales, bailes religiosos, familias y fieles.
El obispo afirmó que su misión como pastor requiere permanentemente de la oración de la comunidad y recordó que, siguiendo el ejemplo de San Alberto Hurtado, “un obispo no está para ser servido, sino para servir; no está para estar lejos, sino para hacerse cercano”.
Finalmente, Monseñor Carrasco encomendó su ministerio y a toda la comunidad diocesana a la intercesión de la Virgen María, bajo la advocación de Nuestra Señora de Guadalupe de Ayquina; de San Alberto Hurtado y de San Juan Bautista, patrono de la diócesis y reiteró su agradecimiento por estos tres años compartidos y renovó el llamado a continuar “remando juntos en comunión y extendiendo el Reino de Dios.


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